Un post en honor a mi mentor don Scott Adams

Cuando recién tenía uso de mis facultados pensantes, añoraba ser alguien que viviera de quejarse de lo estúpido que es todo esto. Cuál es el punto de levantarse en las mañanas si tu destino es una oficina con luz artificial, rodeado de chupamedias y maricones sonrientes. Pocas luces de inteligencia se cruzan por tu camino pero cuando conoces a alguien que se siente como un jugador y no un NPC, empiezas a sentir una empatía exagerada. No es que te creas tan brillante como esa persona, muchas veces los cerebros más privilegiados se sienten impostores y carentes de cualquier genialidad, empujados sólo por la inercia del sistema pero recordándole al público que no son un ejemplo a seguir, no tienen idea de lo que están haciendo y entre más aprenden más saben que no saben nada de nada.
Es el mundo de Scott Adams, alguien fácil de catalogar como un genio sin serlo, es un caricaturista al final del día, uno que dibuja pésimo según su propia descripción. Pero antes ya pasó por el purgatorio de las corporaciones, es un Licenciado en Economía y tiene un MBA de la Universidad de California, en los tiempos que ni había internet así que se respeta.
Ya de los 6 años dibujaba, parto por ahí con mi cercanía con él, pero dejó de lados sus sueños por ir por el trabajo corporativo, del 79 al 89, 10 años metido en las oficinas y siendo abusados por jefes de pelos en punta, es casi lo mismo que yo pasé trabajando como esclavo. Fue cuando creo a Dilbert, una tirilla que salió publicada en más de 2000 diarios, ahí es donde se me hizo familiar ver a ese pelado con lentes y su perro Dogberto.
Quisiera decir que he leído sus libros pero esas son cosas de gente aburrida, leer, pff, pico pal que lee. La verdad nunca he encontrado algo de él en librerías de Chile, si es que lo hay la verdad lo deben esconder bien, pero creo que ahora es el mejor momento de comprarlos, lamentablemente.
Qué podemos decir de él que no salga en su biografía, bueno no ha estado lejos de las críticas, obviamente su visión política no pega ni junta con la idea del progresismo y los demócratas, pero está muy lejos de ser un defensor acérrimo del conservadurismo, más bien lo veo como un templario del sentido común y los hechos, lo que es refrescante en un mundo que avanzó por emociones por encima de los factos. Eso claramente no le hizo bien a su imagen, especialmente cuando lo lapidaron por admitir que la relación racial entre gente de color y gente blanca no tiene arreglo, que lo mejor es no vivir cerca de ellos. Claro que es racista, pero al final son todos racistas, el problema es que sólo se lo aceptan a los que consideran la especie protegida.
Es tonto ignorar y refunfuñar sobre qué es políticamente correcto de decir cuando las consecuencias se golpean a la puerta, llegamos a un punto donde sin importar lo que uno haga, siempre habrá alguien castigándote por su existencia, ¿para qué molestarse entonces? como decía alguien por ahí, si tienes un problema, arréglalo, pero si no puedes arreglarlo, entonces ya no es un problema.
No sé si puedo llamar a Scott un practicante del estoicismo, pero sí que me hizo volverme uno, todo está en tu cabeza y lo externo si no lo puedes controlar, debes dejarlo actuar. La fuerza está en mantener el control de tu mente. Qué mejor que seguir dibujando y creando mientras esperas que tu cuerpo deje de funcionar.
Es un mundo ridículo, la gente es en su mayoría idiota, pero son esos pocos chispazos de genialidad que vienen de los rincones del planeta los que te deberían motivar. Gente como Scott Adams va a seguir apareciendo, porque su legado es la semilla que llevará a muchos padecientes de crisis existencial a tomar un lápiz y lanzar 3 viñetas al mundo, un mensaje simple y una risa culposa, somos todos Dilberts o Dogberts, quizás otros, pero lo importante es reírse de la inevitabilidad de la vida y de la muerte, porque para sufrir ya está todo asegurado.
Te voy a extrañar Scott Adams, el café ya no sabrá igual todas las mañanas.
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